28 de mayo Día Internacional
de Acción por la Salud de las Mujeres
Publicado en Pagina 12, 1º de junio 2001
Los sufrimientos derivadas de las tradiciones que naturalizaron las violencias
de diversa índole contra las mujeres se estudiaron formando parte
del campo de la que se considera salud mental ; asi desembocamos en la
creación de un concepto que intenta describir un estado de ánimo
de las mujeres y que se denominó malestar.El concepto que se dio
a luz en el Seminario que en 1988 organizaron las feministas italianas.
Originalmente se trató de una descripción política
ya que se refirieron a la pérdida de conciencia de vivir en condiciones
perturbadoras (subordinación y sometimiento al varón, explotación,
humillación provenientes de prácticas patriarcales) capaces
de producir enfermedad , o alteración o desajuste en el campo de
la salud, atribuídas a disfunciones biológicas. Pero esta
lectura original, al ser aplicada, sufrió un deslizamiento ideológico:
desde algunas concepciones psicológicas se formalizó como
una vivencia de las mujeres que traduciría frustración,
decepción, desesperanza, miedo, encogimiento personal, sometimiento,
insatisfacción (en múltiples àreas: intelectuales,
sociales, sexuales, económicas) la cual no lograría exponerse
ni evidenciarse, debido a la naturalización de las diversas violencias
contra el genero mujer . Lo que las llevaría a no darse cuenta
de lo que les sucede o bien, comprendiendo las razones de su permanente
malestar, sentirse obligadas a "aguantar ". Descripción
correcta pero parcial.
Lo que falta decir , cuando se habla de este malestar asociado a la salud
mental es que dicho estado de ánimo es el efecto de las permanentes
violaciones de los derechos humanos de las mujeres. Mejorarse o desactivar
dicha vivencia como hecho personal, si bien depende de la pertenencia
a grupos de reflexión o a instituciones capaces de reivindicar
los derechos de las mujeres, deja pendiente la reformulación de
la idea de salud como hecho político -social. Si se habla de malestar
, sin apelar a la instancia sociopolítica, se elude la potencia
de la idea de salud como un referente clave , se lo coloniza mediante
la impregnación psicológica de un término que fue
producto de una evaluación política de la situación
mundial de las mujeres.
Entonces, haber acuñado la expresión malestar de las mujeres,
cuando el estado de animo de las mismas estuvo y está originado,
determinado y construído a partir de ser testigos de la propia
victimización es, por lo menos, una parcialización.En realidad
conduce a evitar denuncias o a atemperar los posibles enfrentamientos
con quienes tienen responsabilidad directa con esas violaciones de los
derechos humanos.
El genero mujer no constituye especifica y mundialmente, una coalición
de víctimas. Pero contamos con un universo de congéneres
que son infectadas por el VIH gracias a la petulancia masculina, que son
permanentemente violadas por familiares y por desconocidos, que son acosadas
sexualmente en sus trabajos, en los cuales, además, a igual ocupación
reciben sueldos inferiores respecto de sus compañeros varones.Entre
otras violencias.
El malestar
Dadas estas realidades , deslizar la idea de malestar sin un compromiso
sociopolitico por parte de quien la aplica, trivializa su uso. Malestar
es una palabra que traduce la presencia de una cotidianidad en estado
de irritación, tristeza y de tensiones pulsantes , a menudo sofocadas
ante las diversas manifestaciones de las violencias, para que no irrumpan
en los ordenamientos patriarcales.
Cuando la ira estalla debido al hartazgo ante situaciones intolerables,
difícilmente encuentra la letra capaz de explicar el rechazo de
los abusos. Entonces la ira aparece en forma sintomática, como
"ataque de nervios" .
La ausencia de palabras nos posiciona como locas , pero esa misma ira
saturada por la razón y traducida en palabras , por saber que "una
tiene razón" es la que debería aparecer en lugar del
sintoma.
La palabra malestar no alcanza para describir estados de ánimo
que cobijan iras acumuladas ante injusticias evitables. Malestar es una
palabra leve, tibia y constipada ( en tanto ciñe , amontona y compacta
cosas sueltas para que ocupen el menor espacio posible). Sin duda es correcta
en tanto y cuanto expresa la transformación de esos estados desesperados
, a veces furiosos, en un ronroneo insomne y malhumorado, carente de palabra
capaz de defenderse y denunciar. No obstante, el vocablo malestar-cuando
se utiliza privilegiando una lectura psicológica acerca de la salud
mental de las mujeres - al no incluír su contexto sociopolítico
acerca de los derechos humanos - queda vinculado con la banalización
de la violencias padecidas.
La banalización es un mecanismo que , en lugar de conectar el propio
lenguaje con las propias vivencias y los propios deseos, lo organiza para
que diga lo que se supone que algun otro quiere escuchar. Se crea un discurso
dirigido a esa persona (imaginario o real) que se sabe que dispone del
poder político y del económico, alguien injusto y especulador
a quien convendrá mantener neutralizado. Muchas mujeres componen
esta clase de discursos apoyando proyectos ligados con la injusticia y
la especulación , asociándose con el poder político
y económico, ajenas a las solidaridades que los padecimientos de
otras mujeres demandarían.
Desde otra perspectiva encontramos a las mujeres que no se indignan frente
a las violencias padecidas porque aún mantienen su estatuto de
esclavitud y sometimiento.En cuyo caso la palabra malestar reclama algo
más que el tono difuso que el vocablo convoca; y nos remite a procesos
inhibitorios o represivos, que se enlazan en las psicopatologías
asociadas con las variables sociales. En estos cuadros, la palabra suele
expresarse mediante la queja que apenas alivia y no modifica la cronicidad
de la situación
La denominada salud mental, concepto gestado en los ámbitos patriarcales
de la salud pública regulados por la Medicina tradicional, funciona
como simulacro tendiente a disociar la idea de salud como totalidad que
compromete el psiquismo,la vida del cuerpo y la integridad politicosocial
de las personas. Si por razones metodológicas admitimos la disociación
, es preciso categorizar los contenidos que provienen del campo de la
salud y el bienestar de las mujeres. Entonces, cuidar nuestra salud mental
reclama la utilización de criterios sociopolíticos psicológicamente
fogoneados, para interpelar a quienes corresponda, y para diseñar
las concepciones de esta dimensión de la salud según nuestras
necesidades y aspiraciones.
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