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DESDE LA "PULSION DE DOMINIO"
Y LAS IDENTIFICACIONES TEMPRANAS HASTA EL FEMINISMO |
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Mabel Burin Cómo construyen las mujeres su deseo de poder. La filósofa Judith Butler (Feminaria Buenos Aires, julio de 1999,
"La vida psíquica del poder. Teorías de la sujeción")
afirma que en los procesos por los cuales nos constituimos como sujetos
están implicadas las relaciones de poder; en esto coincide con
todos los estudios realizados desde la perspectiva psicoanalítica
del género que destacan los tempranos vínculos madre-hijo
como relaciones de poder. Aunque en tales relaciones quien en apariencia
detenta el poder es el adulto, habitualmente la madre bajo la forma del
poder afectivo -en las familias tales como las hemos conocido hasta ahora,
una madre signada a su vez por relaciones de poder que a ella la han determinado-,
sin embargo ese poder que aparece inicialmente como externo, imponiéndose
al sujeto, rápidamente en el desarrollo del psiquismo Ese temprano vínculo que se juega en términos de relaciones de poder prontamente es internalizado por el infante que habrá de devenir en sujeto -psíquico y social- y va a incidir notablemente en el modo que organice su subjetividad sexuada, femenina o masculina según los ordenamientos genéricos culturales que hasta ahora fueron distribuidos en forma binaria y polarizada para ambos géneros. En el caso del deseo de poder, un movimiento pulsional surge desde los
primeros tiempos en la construcción del aparato psíquico:
la pulsión de dominio. Surge en los tiempos primordiales de la
constitución del sujeto, cuando los estímulos dominantes
son los del propio cuerpo pulsional, que demanda la reducción de
las tensiones. En ese movimiento tensión-distensión, a partir
del cual aparece el primer objeto capaz de satisfacer esa necesidad, que
en nuestros ordenamientos culturales es la madre, se inicia la pulsión
de dominio, en donde se juegan los movimientos activos y pasivos Ya en ese momento temprano se inscriben las relaciones de poder entre
un sujeto, en sus momentos fundantes, con un objeto que detenta el poder
necesario para satisfacer su estado de necesidad. Sin embargo, los destinos
pulsionales no son iguales para varones y para mujeres en nuestro Esta versión de la pulsión de dominio y el deseo de poder
se imbrica con la teoría psicoanalítica de las identificaciones
tempranas: las niñas, en nuestros ordenamientos culturales, se
identifican mayormente con una figura materna poderosa dentro del contexto
familiar y doméstico: la "madre fálica". Sin embargo,
el poder materno pierde su figuración tempranamente, ya que sólo
opera en los vínculos de intimidad, en el contexto familiar afectivo,
pero sus modos de ejercicio de poder son poco eficaces para Este fragmento de las teorías psicoanalíticas clásicas
acerca de la construcción del deseo de poder en los estadios tempranos
del desarrollo femenino está cuestionado, gracias al avance del
género femenino sobre el ejercicio del poder en el ámbito
público de las últimas décadas, de modo que la representación
psíquica tradicional de las mujeres como sujetos carentes de poder
está siendo transformada subjetiva y socialmente. Otro deseo entra
en contradicción con el deseo de poder para el género femenino:
el deseo de ser amada. Es un deseo gestado sobre la base de pulsiones
amorosas que tienen como destino principal un desarrollo de afectos: el
sentimiento de carencia, de falta, propio de aquellos sujetos Algunas nuevas hipótesis explicativas de cómo se construyen
los deseos, y su especificidad para el género femenino, podrían
fundamentarse en la construcción de un repertorio deseante, no
sobre la base de la falta, la carencia -según el supuesto de que
deseamos aquello de lo que carecemos-sino Para que estas transformaciones puedan ser posibles en el campo del psicoanálisis, debemos considerar los aportes del feminismo a algunas hipótesis psicoanalíticas. Destaco las teorías feministas en su operación, no sólo en el mundo público sino también en nuestras vidas privadas, en lo que puede llamarse "política de las subjetividades". Este modo de pensar la política contribuyó a reflexionar sobre nuestros conflictos desde otra perspectiva: el enunciado de que lo personal es político. Sin embargo, con los aportes del feminismo pronto se creó un espejismo
de igualdad, de que a todo el género femenino le pasaba lo mismo,
de que todo el colectivo de mujeres deseaba por igual. Las hipótesis
psicoanalíticas pueden contribuir al análisis de las singularidades,
de las diferencias Hasta ahora, los modos de ejercicio público del poder respondían
al estereotipo masculino. Frente a esto, las mujeres que desean ocupar
posiciones de poder en el ámbito público temen perder su
identidad sexual. Para ocupar posiciones de poder son necesarios los pactos
y negociaciones, que son mecanismos de relacionamiento en el ámbito
público de los cuales hasta hace muy poco las mujeres estuvimos
excluidas. Quizá sea necesario que nos preparemos para reconocernos
como sujetos de negociación, para que los pactos que realicemos
no sean necesariamente los clásicos pactos patriarcales sino que
también lleven la marca de los valores e ideales que hemos construido
históricamente como género. |
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